Involución.



Cuando se quedó sola en su habitación, se sentó ante el espejo del tocador, mirándose la mejilla enrojecida y el labio partido, del que asomaba una pequeña gota de sangre.

Sin parpadear,  veía en el espejo la imagen de una mujer asqueada, de gesto agrio, mandíbula apretada y mirada seca, que lamentaba haberse enamorado de la persona equivocada.

Recordó tiempos mejores, en los que era colmada de atenciones, regalos, caricias, besos, sonrisas y la promesa de una vida mejor.

Revivió momentos en los que fue tratada como una reina, con la espectativa de vivir feliz para siempre.

En ese instante, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

Golpeó con fuerza la mesa del tocador y maldijo la hora en la que perdió, en mitad de una escalera, aquel dichoso zapatito de cristal.




Dedicado a todas las reinas y princesas, que se ven convertidas en cenicientas.
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Barataria en la tele.

Un canal de televisión de Córdoba, Vive7 TV, emite un programa llamado "Ciudad On Line". El programa trata sobre informática, redes sociales y nuevas tecnologías.
Dedican uno de sus apartados a blogs y se han fijado en Barataria.
Me han entrevistado y ya han emitido el programa.
Dejo aquí el video, en el que mi blog aparece a partir del minuto 6:20.
La tele no es lo mío, pero se ha hecho lo que se ha podido. Tened en cuenta que no soy uno de esos profesionales, como Matías Prats, Iñaki Gabilondo o Belén Esteban, je,je.



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El desvío.



El viaje transcurría con tranquilidad.
Mientras él conducía, ella consultaba un mapa.

    – Cari, ¿qué tal si improvisamos un poquito y nos desviamos aquí?
    – No, querida. Sabes que no es una buena idea.
    – Lo pasamos tan bien la última vez que vinimos...Recordó ella con la mirada perdida.Estaba todo lleno de monumentos, buenos paisajes y aire sano.
    –Ya, querida, pero este lugar ha cambiado mucho desde entonces. Acuérdate de lo que nos contaron los vecinos, que vinieron aquí hace poco. No fueron bien recibidos. Los lugareños se han vuelto hostiles con los foráneos. El urbanismo atroz ha destruído muchos de esos monumentos y paisajes. Además, las numerosas industrias que se han creado aquí en los últimos tiempos, han ensuciado el aire, que ahora ya no es tan sano. Con la riqueza que se ha creado, les ha llegado la desigualdad. Ahora se roban y se matan entre ellos.La tranquilizó cogiéndole la manoNo te preocupes, querida. Vamos a pasar las mejores vacaciones de nuestra vida. Pero no será aquí.
    –Tienes razón, cari. Me he dejado llevar por los recuerdos.

El vehículo continuó su marcha sin desviarse.

Por la ventanilla, se veía, cada vez más pequeño, un hermoso planeta azul.









El olor de la sangre.




Imagen: Blood Splatter. Autor: reznor70


Tenemos hambre. 
Nececesitamos comida, pero conseguirla se ha convertido en un juego mortal.
El enemigo acecha en cada sombra, en todos los rincones, detrás de cada esquina. 

Cada vez quedamos menos. No ganaremos esta guerra.

Anoche perdí a mi  compañero. Siempre salíamos juntos a buscar víveres, pero fue atrapado. 
Pude escapar por muy poco. 
Mientras huía escuché sus gritos, que quedaron ahogados en un último estertor. 

Por primera vez, percibí el sonido de la muerte y el olor de la sangre.

 Tengo que buscar la forma de huir de este infierno del que somos víctimas, sin haber hecho nada malo.

No hay forma de entender esta absurda y dantesca situación.

No hace mucho tiempo, nuestra vida era mejor.  Antes de la invasión, no existía el miedo. Nuestros hijos correteaban por todas partes, sin peligro.

Todos convivíamos en paz, hasta que vino el maldito gato.






 ©2007-2009 AKAcorn Fuente: Foto Bazar

Venganza.



Apartó bruscamente las cosas de la mesa y volcó sobre ella el contenido del bolso. El tablero se cubrió con un paquete de pañuelos de papel, un estuche de maquillaje, pintalabios, un bolígrafo, una caja de chicles sin azúcar, un bote de crema hidratante, el botecito de laca de uñas y una pequeña llave. La llave.
Llevaba tiempo madurando este plan, pero hasta ese día, no había encontrado la ocasión. Tenía poco tiempo hasta que ella volviera.
Por fin se iba a poder vengar de la lista, la guapa,  la que siempre sacaba buenas notas, la que tenía un novio que agradaba a mamá, la perfecta. Su odiosa hermana había cometido, por fin, un error.

Asiendo la llave como si se tratase de una potente arma, se apresuró a entrar en el dormitorio de su víctima. Sobre el escritorio, se encontraba el pequeño cofre, en el que la hermana guardaba sus mayores secretos. Tal vez alguna foto comprometedora, su diario o una carta de amor. Cualquier cosa le serviría como herramienta para humillarla, y así alcanzar su ansiada venganza.

Cuando abrió el cofre, sólo encontró un pequeño papel con una frase escrita que decía:



"¿De verdad me crees tan tonta?"

Su hermana, que acababa de llegar, ya sonreía, apoyada en el quicio de la puerta.


Vuelta al cole




Fue muy duro, para Don Sebastián, recoger sus cosas el último dia de trabajo, pero ya era Septiembre y había que dejar sitio a su sustituto.

Una carpeta, bolígrafos, lapiceros, sacapuntas metálico,  rotuladores fluorescentes, una fotografía familiar enmarcada, una regla de madera, una grapadora, unas tijeras, un viejo diccionario, un gastado libro de poemas, un silbato y pocas cosas más.
Cuarenta años de oficio, que cabían en una pequeña caja de cartón.
Un momento antes de cruzar el umbral de la puerta, Don Sebastián se giró para echar el último vistazo al aula.
Observó los pupitres, las sillas vacías, las perchas, en las que quedaba  un abrigo colgado, por olvido de algún despistado alumno ; las paredes adornadas con mapas y carteles de anatomía y la pizarra. Su vieja pizarra.
Pudo recordar decenas de caras y nombres; revivir momentos que llenaron de vida aquel espacio, como el bullicio que se formaba cada día, cuando los niños entraban, hasta que ocupaban sus asientos, o el tenso silencio de los exámenes.
Con el corazón encogido, y la caja de cartón bajo un brazo, cerró la puerta del aula. Tardó unos segundos en soltar el pomo, como si una extraña fuerza tirase de él, para que no se fuera.

Salió del colegio despacio, midiendo cada paso que daba, saboreando cada momento, pues eran los últimos que iba a pasar en aquel lugar, en el que había dejado gran parte de su vida.

Una vez en la calle, llegó hasta su viejo coche y abrió el maletero, para guardar la caja.
Vio pasar un autobús, adornado con un cartel publicitario de un centro comercial, en el que se podía leer: "Vuelta al cole".
Don Sebastián entró en su coche, para que nadie le viese llorar.

Amigos, me voy de vacaciones. Un poco tarde, pero mas vale tarde, que nunca. Durante el mes de Septiembre, no publicaré nada en el blog. He desactivado la moderación de comentarios, aunque aún me quedan un par de días por aquí, durante lo cuales os podré contestar. Volveré en Octubre. Un fuerte abrazo a todos. Nos leemos.




Conflicto generacional

 Imagen: Pixmac
    
Una calma tensa cargaba el ambiente de la choza. La comida se desarrolló en completo silencio, todos con la cabeza gacha, sin levantar la vista de su  cuenco de carne.
                 – Otra vez te ha pasado lo mismo. No has probado bocado. – Exclamó por fin el cabeza de familia, dirigiéndose a su hijo. – Soy el jefe de esta tribu. Heredé ese privilegio de mi padre, que a su vez lo heredó del suyo.  Durante generaciones, hemos ejercido el mando en nuestra comunidad.  Siempre lo hemos hecho con buen criterio; con justicia; con honor.
                El hijo escuchaba en silencio, sin levantar la vista del suelo.
–  Nuestra familia – continuó el padre – ha dado a los mejores cazadores, los más hábiles pescadores y los más valiosos hombres.  Ahora, tú, mal hijo, estás rompiendo la cadena de honor que siempre ha mantenido nuestra dinastía. Eres la deshonra de nuestra estirpe.
La madre lloraba en silencio, mientras escuchaba las duras palabras de su esposo.
– Te he traído a las mejores muchachas. Las más jóvenes; las más hermosas  y  tiernas.  Y tú, indigno hijo de tu padre, las has rechazado a todas, convirtiéndome en el hazmerreír de toda la tribu. Me estás haciendo perder autoridad. Todos se ríen de mí, a mis espaldas, y murmuran sobre tu dudosa hombría.  Y ahora te quedas ahí, callado, sin mirarme a los ojos, siquiera. ¿No tienes nada que decir?  
El hijo, por fin, levantó la vista y la clavó en los ojos de su padre. Con gesto triste, pero decidido, contestó:
                – Padre, siento mucho ensuciar tu nombre, y el de tu padre; y el del padre de tu padre. He procurado ser un buen hijo. Aprendí a cazar y  a pescar, mejor que ningún otro miembro de la tribu. Y sí, me gustan mucho las muchachas, pero insisto en que no me comeré a ninguna.

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