Perikiyo


Barataria ha sido nombrado blog del día 10 de Noviembre de 2009.

Es todo un privilegio para mí que mi pequeño rincón de pensamientos haya sido obsequiado con esta distinción. Una vez hecha la elección del blog, he sido objeto de una entrevista que podéis leer aquí, desde las 8 de la mañana, hora española.
Publico esta entrada para comunicar a tod@s aquell@s que visitáis este rincón, esta noticia que tanto me incentiva para continuar con este proyecto personal.
Aprovecho también para agradecer al equipo de Blog del Día, el hecho de haberme otorgado esta distinción.



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Perikiyo

Imagen: Foto Bazar

De la noche a la mañana, los colores ya no existían. María no veía nada.
Alcanzó a tientas el interruptor de la lamparita que estaba en su mesa de noche y lo accionó.

Seguía sin ver nada.

Apartó las mantas para levantarse y notó el frío del suelo en las plantas de los pies.
Mientras Caminaba, iba palpando la rugosidad de la pared, hasta tocar la suave superficie barnizada de la puerta. Localizó el pomo y la abrió. Estaba nerviosa y asustada. Seguía sin ver nada. Su respiración se agitaba a cada instante.

Salió al pasillo con el corazón golpeándole el pecho.

Siguió caminando, temerosa, tocando la pared, temblorosas las manos, hasta que encontró un interruptor. Lo pulsó, agitada, pero seguía sin percibir la más mínima luz.

Comenzó a sudar.

Pegó la espalda a la pared y fue deslizándose lentamente hasta quedar sentada en el suelo.
Golpeó las baldosas con todas sus fuerzas y rompió a llorar desesperadamente, con la cabeza entre las rodillas, en un gesto de impotencia y resignación.

Había vuelto a ocurrir.

Otra vez, soñó que recuperaba la vista.
Perikiyo




-Dame cuatro motivos para continuar. Podríamos fingir un error.
Mientras Fernando pronunció esas palabras, él y Alberto se lavaban las manos.
Alberto no respondió. Se limitó a alzar momentáneamente la vista y mirar su gesto grave reflejado en el espejo.

Intentaba buscar un sólo motivo, no cuatro, que justificase lo que iban a hacer. Más allá de la teoría, los tópicos y las frases hechas, no halló ninguno.
Iban a cumplir con su trabajo, pero el deber cumplido no siempre implica satisfacción.

Una vez que ambos se secaron las manos, se acercaron uno al otro y se abrazaron fuertemente con los ojos encharcados, sin pronunciar palabra alguna. Después cruzaron la puerta que les separaba de su gran problema.



Al día siguiente, un ejecutivo encorbatado leía en la portada de su periódico habitual:
"Los cirujanos Fernando Ruiz y Alberto García operan con exito a "El Carnicero",  asesino que mató y descuartizó a cinco niñas en 1994"
Perikiyo



    -¡Carguen!

A Luis Gutiérrez la guerra le cogió desprevenido. Pertenecía al bando que le había tocado en desgracia.
Eso le llevó a aquella situación, en la que cuatro hombres, armados con fusiles, dispararían contra uno, desarmado y maniatado.
Luis temblaba de miedo. En aquella zona del cementerio, cercana a la tapia que daba al norte, las sensaciones se acentuaban.
Podía oir los estruendosos latidos de su acelerado corazón.

    -¡Apunten!

Luis notó cómo el sudor empapaba su cuerpo. Se le arrugó el estómago. Su respiración entrecortada y nerviosa no proporcionaba el aire suficiente a sus
encogidos pulmones. Notaba una fuerte presión en las sienes. Sentía como si la cabeza le fuese a explotar. Todos los músculos se le tensaron. Cerró fuertemente los ojos, en una mueca de desesperación. Vio toda su vida en un segundo. Había llegado el momento.

    -¡Fuego!

Los cuatro disparos se escucharon casi al unísono, produciendo un macabro eco que rebotaba en las tapias del cementerio.
El cuerpo cayó desplomado,inerte, pesado, sin oponer resistencia al golpe contra el suelo.

    -¡Ya está. Uno menos!. ¿Ves como no era tan difícil, muchacho?- dijo el sargento mientras daba tres palmaditas en la espalda de Luis.

En ese momento, Luis arqueó su cuerpo y, apoyado en el fusil, vomitó.
Sus compañeros reían a carcajadas.
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Perikiyo
Navegando por ahí, he encontrado un magnífico blog, llamado La ventana musical. Se trata de un blog hecho en chile, en el que la música, las coreografías y las buenas vibraciones tienen un papel protagonista.

No he podido resistirme a la tentación de poner aquí un vídeo que ellos han publicado en su última entrada. Se trata de una coreografía multitudinaria, realizada en una estación de trenes de Bélgica. Los bailarines, sin previo aviso, se van incorporando al montaje, ante la sorpresa de todos los que pasan por allí, que se encuentran con un espectáculo lleno de contagiosa alegría.
Resulta asombroso lo que se puede conseguir, simplemente con una canción y un grupo de personas con ganas de pasarlo bien.

Si no luces una amplia sonrisa viendo estas imágenes, es que no estás vivo.



Muchas gracias a La ventana musical, un blog más que recomendable.
Perikiyo



Después de tres días de intentos frustrados, parecía haber llegado el momento.
Se separó de los demás, caminando por el pasillo, hasta llegar a la última puerta a la derecha.
Abrio, entró y cerró tras de sí. Un sudor frío le enjugaba la cara. Se sentó, mientras notaba cómo las piernas le temblaban.

Definitivamente, había llegado el momento.

Unas extrañas muecas adornaron su pálida cara. Tenía el corazón alterado. Cerró fuertemente los ojos. La dificultad de las circunstancias provocó que una lágrima resbalase por su mejilla derecha.
De su garganta escapó un leve gemido, mitad dolor, mitad angustia.
Después su rostro cambió. En sus facciones ya no había sufrimiento. Suspiró profundamente. Quedó sentada, con los brazos caídos a ambos lados del cuerpo. Abandonada a un manso sosiego.  El ritmo de los latidos de su corazón bajó paulatinamente.
En la mano derecha, sujetaba un frasco de pastillas.

Tras dos o tres minutos, quizás cuatro, levantó la mano derecha mirando el pequeño frasco.

     -Tenía razón Fernando, -murmuró.- esto es lo que yo necesitaba.

Ya no le temblaban las piernas. Se levantó, se subió los pantalones y pulsó el botón que accionaba la cisterna del inodoro.

Era una mujer nueva, feliz, serena y, por fin, vacía.
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Perikiyo
 Acostumbramos a conocer desgracias humanas, tratadas de una forma impersonal por los medios de comunicación. Cada semana conocemos la cifra de muertos en accidente de coche. Nos dicen cuántas personas han perdido la vida tras un tsunami. Somos informados de la cantidad de seres que han fallecido en un atentado terrorista. Nos afecta conocer esas malas noticias. Nos apena saber que, diariamente, mucha gente sufre y muere. Pero al final, sólo hemos sido informados por medio de números. Y los números se nos olvidan al poco tiempo.
Sin embargo, si conocemos una tragedia con nombre y apellidos, la sentimos más nuestra. Somos más conscientes de la magnitud de lo ocurrido. Vivimos la desgracia con más empatía, pudiendo imaginar que nos podría haber pasado a nosotros, o cómo nos habría afectado si la hubiésemos vivido.
En eso radica la asombrosa fuerza del diario de Anna Frank, que leí cuando tenía unos quince o dieciséis años. Un testimonio escrito por una niña despierta, inteligente, vivaz y madura, que vio cómo su vida pasó de ser normal, a convertirse en una pesadilla, que terminaría con su prematura muerte en un campo de concentración nazi.
En su diario, Anna nos legó un valioso documento en el que narra sus inquietudes, sus alegrías, sus dudas de adolescente, sus miedos, su situación y la de otras siete personas que permanecieron escondidas en la casa trasera de un edificio de oficinas de Amsterdam, durante dos largos años, hasta que fueron delatados y capturados por las SS, el 4 de agosto de 1944.
Acaban de ver la luz unas imágenes en las que la pequeña Anna se asoma, curiosa, a la ventana de su casa, para ver salir a unos vecinos, que se casaban ese día. Podemos ver a Anna contenta, espectante, llena de vida y alegría, mirando por la ventana. Muy poco tiempo después de aquello, las personas que se ven en las imágenes, vivirían una de las etapas más bochornosas de la historia de la humanidad. Pero eso, nadie entonces lo sabía.





Anna Frank comenzó su diario el 12 de junio de 1942 y escribió en él por última vez el 1 de agosto de 1944, tres días antes de ser capturada e internada en el campo de concentración nazi de Auschwitz.
En Octubre fue trasladada, junto con su hermana Margott, al campo de Bergen-Belsen, al norte de Alemania, donde ambas (primero Margott y unos días después, Anna) murieron de tifus. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, aunque se estima que fue entre finales de febrero y principios de marzo de 1945, Un mes antes de que ese campo fuese liberado por las tropas inglesas.

Podría estar viva hoy en día, pero le faltó tiempo.


...Apenas 30 días.
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