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Todos se sentaron a la mesa.
Mamá trajo, desde la cocina, una humeante cacerola, que despedía el aroma de un delicioso guisado de patatas con carne.
Solían comer muchas patatas, pues estaban a buen precio, pero la carne era un manjar poco habitual en aquellos tiempos.
Pero era Navidad. En esa fecha, mamá siempre conseguía el milagro.
Luis, el pequeño de la casa, contemplaba con admiración cómo su madre llenaba los platos, uno por uno, mientras los sonrientes comensales aspiraban el vaho que desprendían sus respectivas raciones.
El niño lamentó que Bobby, su perro, desapareciera el día anterior.
Habría compartido las sobras con él.
